Millones de personas en el mundo sufren de dolor
crónico (aquel que dura más de seis meses).
La cantidad de personas es considerable y en los últimos años ha ido en
aumento y lo seguirá haciendo por el progresivo envejecimiento de la población. Las patologías más frecuentes son los dolores
osteo-musculares como la lumbalgia, seguido por dolores articulares como en los
diferentes tipos de artritis y el dolor de cabeza. El dolor suele ser una de las principales
causas de consulta médica y está estrechamente vinculado a la baja
productividad laboral y a la mala calidad de vida. El dolor es muy subjetivo, lo que puede llegar
a ser un problema, ya que muchas personas lo sufren en silencio y lo asumen
como algo normal en sus vidas.
Existen muchas maneras para ayudar a controlar el
dolor crónico, pero a menudo la más eficaz es la combinación de varios métodos a
la vez (medicamentos, fisioterapia, psicoterapia, etc.). A continuación le dejamos algunos consejos
para ayudarle a manejar el dolor.
Hable con su médico
Si su dolor crónico está identificado y ha sido diagnosticado,
seguramente tienes un médico especialista con quien haces el seguimiento. Si
este no es el caso, entonces lo mejor es acudir al médico de cabecera en busca
de un diagnóstico y un tratamiento. Para
algunas personas, es difícil hablar sobre ello y es posible que no encuentren
las palabras adecuadas para describir cómo se sienten. Existe el dolor crónico y el dolor agudo;
este último usualmente es de mayor intensidad por lo cual es mas factible
visitar al médico. Sin embargo, el
manejo de un dolor agudo no es igual al de uno crónico; el dolor puede llegar a
convertirse en una enfermedad por sí mismo, y su tratamiento puede ser mucho
más complejo en función de la intensidad y de los meses o años que se tenga. No
espere a que su vida cotidiana se vea afectada para consultar al médico. En un
principio, puede hablar con su médico de cabecera, que probablemente pueda
tratar algunos casos, pero en determinadas ocasiones será imprescindible que
nos refieran a un especialista, ya que ellos son los expertos en el diagnóstico
y tratamiento del dolor persistente, y están entrenados para proporcionar el
mayor alivio posible. No oculte su malestar porque una buena comunicación entre
médico y paciente es clave para mejorar su calidad de vida.
Tome los medicamentos adecuados
Existen muchos medicamentos de venta libre en el
mercado para tratar todo tipo de dolores, sin embargo, cuando hablamos de dolor
crónico, es muy probable que éstos no sean eficaces o proporcionen un alivio prolongado,
porque los medicamentos que se usan para tratar el dolor crónico deben ser
prescritos por un médico especialista, ya que son de acción prolongada o de
liberación sostenida, y se administran a horas programadas o durante todo el
día y la noche, y su efecto se libera lentamente en el cuerpo para mantener el
malestar a un nivel menor durante un periodo de tiempo extenso.
El problema de los pacientes crónicos es que con
frecuencia incumplen el tratamiento indicado o no siguen al pie de la letra las
recomendaciones. En algunas ocasiones se incumple el tratamiento debido a la
falta de eficacia, ya que algunas veces hay que probar con distintos
medicamentos antes de encontrar la fórmula adecuada. Otro de los problemas que surge es que muchas
veces el tratamiento consiste en sustancias tan potentes, que se hace difícil
alcanzar el equilibrio entre el alivio suficiente del dolor y una tolerabilidad
aceptable. Y otro de los motivos relacionados con el incumplimiento del
tratamiento son los efectos secundarios de determinados medicamentos, aunque
los expertos insisten en que es importante seguir las pautas indicadas por el
médico para lograr la reducción del dolor y la mejora en la calidad de vida.
Por otro lado, no tema utilizar ciertos tipos de fármacos ni se predisponga sin
conocimiento. No hace falta estar deprimido para tomar
antidepresivos. También se utilizan a menudo para aliviar los síntomas del
dolor. Por ejemplo, en el caso del dolor neuropático, estos fármacos restituyen
el orden preestablecido en el cerebro con lo que alivia el dolor. Además,
pueden tener el beneficio adicional al ayudar al paciente a dormir mejor por las
noches (los antidepresivos se han utilizado para el tratamiento del dolor
crónico prácticamente desde que se introdujeron en clínica psiquiátrica, hace
40 años).
Aprenda a relajarse
Los ejercicios como la respiración lenta y profunda
y la meditación guiada pueden ayudar a controlar el dolor. En concreto, la
meditación mejora la calidad de vida de las personas que sufren de ansiedad,
estrés o dolor crónico porque mirarse desde fuera para autoevaluarse puede
ayudar a auto-sanarse. Según un estudio publicado en la revista Pubmed, que
evaluó esta situación en 136 pacientes, todos los participantes redujeron su
percepción del dolor y aumentaron su sensación de bienestar tras practicar
meditación 20 minutos al día durante ocho semanas.
Piense en positivo
Los pensamientos pueden influir en las actividades
y en el dolor. Por eso, los expertos afirman que el pensamiento positivo es una
herramienta poderosa. Al concentrarse en los logros que se han alcanzado, se
consigue mejorar la percepción de la salud. En esta misma línea, aprender a
lidiar con el estrés puede ayudar a enfrentarse con el dolor crónico con mayor
efectividad. Comer bien, dormir las horas suficientes y participar en ciertas
actividades físicas son formas positivas para controlarlo. Además, participar
en actividades agradables ayuda a mantener al dolor alejado de la mente, por lo
que se aconseja dedicar el mayor tiempo posible a aficiones que les hagan
sentirse bien.
Pida ayuda a un psicoterapeuta
El dolor crónico puede producir tristeza,
desesperación, depresión y angustia. Además, puede alterar la personalidad,
interrumpir el sueño, interferir con el trabajo y ocasionar problemas con la
pareja y con el entorno. Se estima que aproximadamente uno de cada cuatro
pacientes con dolor crónico tiene depresión o ansiedad. Por eso es necesario un
programa de tratamiento integral que incluya el apoyo psicológico, por lo que la
psicoterapia juega un papel muy importante, puesto que se ha demostrado que el
componente psíquico tiene un gran efecto sobre la percepción del dolor. Este
tratamiento debe incluir, por ejemplo, el entrenamiento en relajación, el
tratamiento conductual y la psicoterapia. Asimismo, existen múltiples talleres
cuyo objetivo principal es enseñar técnicas que permiten convivir con el dolor.
Trate con acupuntura
Respecto a este remedio existe un debate abierto
entre los especialistas: algunos están a favor y otros en contra, alegando que
no se ha demostrado una mejoría estadísticamente significativa y relacionándola
con la sugestión. Se trata de una técnica milenaria de origen chino que
consiste en insertar finas agujas en partes específicas del cuerpo para
estimular la recuperación. Está basada en la energía vital que fluye por el
cuerpo. El dolor es un signo de que esa energía se ha visto perjudicada, por lo
que hay que liberarla. Hay varios estudios científicos al respecto y, aunque
todavía se desconoce cómo funciona exactamente, se sabe que actúa sobre el
sistema nervioso, estimulando la actividad de sustancias analgésicas en
determinados puntos del organismo. Esta
práctica se está implantando cada vez con mayor frecuencia en países occidentales
para aliviar diversos dolores, desde la lumbalgia y las migrañas hasta las
molestias postoperatorias. En algunos pacientes, como aquellos que sufren
artrosis, su eficacia parece más que probada, mientras que en otros casos
todavía aparecen estudios con resultados contradictorios.
Puede intentar con la hipnosis
La imagen de esta técnica como algo esotérico ha
hecho que sea discriminada en ámbitos médicos y psicológicos. No obstante, hay
especialistas que avalan su eficacia en el tratamiento del dolor. El cualquier
caso, no suele emplearse como técnica aislada, sino dentro de una terapia más
amplia. Según una investigación que analizó a un total de 933 pacientes con
dolor de diversa índole, uno de cada tres participantes sintió alivio del dolor
tras la hipnosis. Mientras algunos pacientes pueden obtener resultados
espectaculares, otros no consiguen ningún tipo de mejoría y no se sabe a qué se
deben estas diferencias. Aún quedan muchas interrogantes y la investigación en
este ámbito apenas ha comenzado.
Ultimo recurso: morfina
Su uso está indicado para los procesos dolorosos de
intensidad severa, para el dolor postoperatorio inmediato o el asociado a un
infarto, para el dolor crónico intenso y para la ansiedad ligada a
procedimientos quirúrgicos. Actúa reduciendo los efectos de las endorfinas
(moléculas que intervienen en la transmisión del dolor). Esta medicación puede
provocar efectos adversos y llegar a originar dependencia (aunque es poco
habitual). Por ello, se debe administrar tal y como lo indica el médico, sin
exceder la dosis ni duración recomendadas, y bajo un estricto control del
profesional de la salud.
Como dato curioso, las mujeres viven más que los
hombres, pero su longevidad se acompaña de mayor discapacidad y mala salud. Según
algunos estudios, el inicio de esa deficiente calidad de vida se produce a una
edad más temprana en las mujeres que en los varones. En concreto, se ha
verificado que las mujeres sufren dolores crónicos más largos, más intensos y
de manera más frecuente que los hombres, ya que presentan con mayor frecuencia enfermedades
como fibromialgia, artritis de varios tipos y migrañas. Se cree que las hormonas podrían jugar un
papel clave en estas diferencias, al igual que la percepción del dolor y otras
diferencias genéticas, pero tampoco se pueden dejar de lado los factores
sociales y psicológicos.
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